Dejar de justificarnos nos hace crecer
Por: Elvia Gómez Hernández
Directora Mundo Pequeño
El fin de semana mi hijo de 7 años me dio una gran lección, decir la verdad siempre, y afrontar las consecuencias de ello.
Nos encontrábamos en una fiesta, los niños jugaban y cuando fue el momento de retirarnos y hacer la revisión, la gente del lugar se percató que hacían falta 3 lámparas del jardín; de pronto en medio de la confusión, mi hijo despreocupado dijo que él sabía que paso y empezó su narración: un niño del lugar los había arrojado al vacío, cuando la mamá del niño se percató de la situación volteó a ver a mi hijo como diciendo calla, y los niños se quedaron sorprendidos “lo habían descubierto”. querían guardar la verdad, pero no les importó que tal vez sino hubieran hablado, quienes habían organizado la fiesta tendría que pagar por algo que no les correspondía, la mamá al darse cuenta de lo inevitable reaccionó y se hizo responsable del asunto, pero la abuela buscó una justificación e intentó defender al niño, lo grave no creo que haya sido el acto del niño, pues tal vez en su poca dimensión de las cosas para él fue una travesura, pero me parece que lo más grave fue la reacción de los adultos. Bien dicen que los niños y los borrachos dicen la verdad, y lo cierto es que en situaciones como estas que pasan todos los días, ponen a prueba nuestra capacidad de congruencia. La pregunta que me hago: ¿cuantas veces ante el error propio y de los demás buscamos una justificación para evitar la verdad? para evitar el paso a la madurez. Hace unos días un amigo me decía crecer a veces duele, y tal vez sino estamos acostumbrados a enfrentar nuestra verdad, duela verla, pero cuando la vemos como ver nuestro rostro ante el espejo, nos daremos cuenta que tendrá ventajas, y aprenderemos de ella. Enseñar a nuestros hijos a hacerse responsable de sus actos es empezar por nosotros mismos, sin miedo, así como ven los niños las cosas. Sin embargo, cuando la educación es de miedo e imposición, entonces por eso temerán decir la verdad. En este asunto los adultos a veces piden demasiado a sus hijos que vayan contra su propia naturaleza, y que también mientan por ellos. Solaparlos en sus travesuras no es la mejor opción porque cuando crecen entonces el mensaje es: “siempre estarán para defenderme y yo no asumiré la consecuencia de ello”, pero al contrario en los pequeños detalles cuando les enseñamos que hay una consecuencia para todo acto, les estamos dando una gran herramienta que se llama responsabilidad y es la clave del crecimiento. En lo personal aprendí mucho de esta situación pues al verlo de fuera me puse a recapacitar y preguntarme ¿me justifico de mis hechos? ¿Justifico a los demás por sus acciones? Al respecto creo firmemente que cuando es el momento de enseñar es cuando en realidad aprendes, pues si quieres que tus hijos sean felices empieza por ti, si quieres que tengan valores profésalos tu con tu ejemplo, si quieres que ellos digan la verdad, dila tu primero. Nuevamente te agradezco me acompañes en esta gran aventura de ser padres, te espero la próxima en esta sección para papás y mamás con agallas, que día a día crecen con sus hijos.
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