La lección del globo
Por: Elvia Gómez Hernández
Si me preguntarán que aprendí este año, lo resumiría en una pequeña frase “la lección del globo”, si así es. Me di cuenta de ello, mientras observaba a mis hijos prepararse para lanzar el día de reyes su globo.
Aún no llegaban los globos, cuando uno de sus vecinos de 6 años se apresuró a su casa y salió corriendo para mostrar su globo y ser el primero en estar listo; sin embargo, en la espera un niño más grande le grito ¡suéltalo, suéltalo! aún sin la carta puesta, mi hijo de 3 años le gritaba que no. Duro la discusión sólo un minuto cuando el niño soltó el globo, como era de esperarse se puso a llorar. Yo imprudentemente intervine y en mi lógica de mamá gallina, me dirigí al más grande y le pregunte porque le había dicho que lo soltara, así que tenía que ir a contar a su casa lo sucedido, en la confusión la abuelita del niño del globo decidió, que el vecino pagará el globo.
Reflexionando el asunto, me parece que muchas veces en el año actué como la niña del globo que lo suelta y busca quien repare el daño, pero saben la única responsable de soltarlo fui yo.
Cuantas veces soltaste tu globo y buscaste culpables, en lugar de aceptar la responsabilidad, cierto que es que en el caso de mi vecinito había una responsabilidad compartida por la edad, pero desde pequeños necesitamos aprender asumir nuestras responsabilidades, y en un acto tan sencillo como este, aprendemos a manipular la situación para aparecer como las víctimas.
También la premura del tiempo nos hace tomar decisiones precipitadas, a veces queremos ser los primeros y los únicos, sin entender antes que las cosas pasan a su debido tiempo, están hechas para ello para disfrutarlas y darles su importancia.
Yo este año aprendí ha hacerme responsable de mis actos y no tiene que ver con la culpa, simplemente con asumir que mis decisiones en ocasiones pueden ser correctas y otras no, todas tienen un efecto, en la metáfora del globo una decisión podría permitirnos soltar o tal vez perder, depende del enfoque que le demos.
Sería bueno preguntarnos ¿estamos listos para soltar el globo?
En este caso, el pequeño no lo estaba y por eso fue el llanto, pero cuando todos ya estuvieron listos y fue el tiempo de lanzarlo lo disfrutaron esperando con esa decisión una respuesta favorable, sus regalos.
Así es la vida, cuando sentimos que no es el momento de soltar el globo, dudamos de la respuesta, porque en el fondo sabemos que la premura, la impaciencia y la decisión incorrecta no traen el resultado correcto y por eso lloramos y nos duele nuestro error. En cambio si esperamos, nos tomamos el tiempo, lo disfrutamos y confiamos en que lo estamos haciendo bien nuestra respuesta será la mejor.
En este momento de mi vida he decidido aprender la lección, pues bien dicen que uno no pasa la prueba hasta que aprende la lección, decidí ser la niña que está lista para soltar su globo y tomar su mejor decisión con alegría, con esperanza, confiada y con la paciencia requerida, así como mis hijos lo hacen todos los días.
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